De la ancestral Semana Santa rodeña

Jesús Nazareno 1929
Jesús Nazareno 1929

El historiador rodense Adolfo Martínez García, autor, entre otros, del libro ‘Historia de la Semana Santa de La Roda’ escribió en 2014 para El Monolito un artículo en el que se remonta a los orígenes de la Semana de Pasión de la localidad y que creemos interesante recuperar dos años después en plena Semana Santa y después de un año de su reconomicmiento de Interés Turístico Regional.

“Y no nos debería causar sorpresa alguna el descubrir que esta villa, tras el Concilio de Trento, sacara ya las imágenes por las calles tan pronto como otras ciudades pioneras en esta nueva costumbre; pues La Roda, por su situación privilegiada junto al ‘Camino Real’ que unía el levante con el centro de la península y por donde transitaban lo mismo tropas para embarcar en Cartagena que aventureros, comerciantes y viajeros hacia la Corte, siempre estuvo ‘al día’ en las nuevas tendencias y modas de las épocas”. dice Martínez García en el artículo que ofrecemos a continuación.

(Adolfo Martínez García) – Es ya archiconocida la antigüedad que tiene la Semana Santa de La Roda, intuida en parte por el recordado Inocencio Martínez Angulo en su libro ‘Algo de nuestro pueblo’ (1985), manifestando la existencia de los nazarenos con capuz morado en el año 1697 gracias a la documentación encontrada sobre un curioso y significativo juicio de la época, cuya historia y contenido había publicado anteriormente Antonio Martínez Martínez, ‘Sorolla’, en El Agricultor Manchego (nº 433, de fecha 21-01-1934).

Pero su antigüedad era mucho mayor, pues desde el siglo XVI la antiquísima ‘Cofradía de la Sangre de Cristo’ realizaba ya las procesiones de la Semana Santa rodense.

Semana Santa - La Roda - El Monolito
Semana Santa – La Roda – El Monolito

Verdaderamente tomé conciencia de tal antigüedad tras las investigaciones realizadas para mi Pregón del año 1999, incrementando sus contenidos en la publicación posterior del libro ‘Tradición y Creencias…’(2007). Si bien, ya Inocencio Martínez nos había transmitido la gran antigüedad de esta cofradía situada en la ermita de San Sebastián (1594); pero él nunca la asoció, ni la asociamos sus lectores, al grupo de cofradías pasionarias o de Semana Santa, como se comprueba en su texto (pág.189), cuando tras haber mencionado esta hermandad junto a las otras no pasionarias, como la del Santísimo Sacramento, de las Ánimas, etc… empezó a escribir de las cofradías de Semana Santa tras un punto y aparte, en otro párrafo.

Por eso en 1999 fue una gran sorpresa para mí descubrir en varios documentos pertenecientes a las secciones de Protocolos Notariales que, desde el siglo XVI, la cofradía disciplinante de La Sangre de Cristo había estado celebrando en esta localidad sus procesiones, vestidos de morado y con su imagen titular de Jesús Nazareno, a quien acompañaban otras antiguas como La Virgen de la Soledad y la Verónica, custodiadas en su ermita de San Sebastián.

Semana Santa - La Roda - El Monolito
Semana Santa – La Roda – El Monolito

Procesiones que continuaron celebrándose hasta principios del último cuarto del siglo XVIII (1777), cuando el rey Carlos III prohibió definitivamente a los disciplinantes continuar con sus manifestaciones cruentas, dado el desagradable espectáculo que ofrecían a los niños y mujeres. Y es lógico comprender que, desde entonces, aquella primitiva cofradía tuvo que evolucionar con otros criterios incruentos, convirtiéndose en la de ‘Los Nazarenos’, o de ‘Jesús Nazareno’ después, con la misma túnica y capuz de color morado, y la misma imagen titular.

Ya conocíamos por nuestros padres y por la prensa antigua rodense que la hermandad de ‘Jesús Nazareno’ había sido la única existente en la villa hasta los primeros años del segundo cuarto del siglo XX (1928), en el que comenzaron a surgir las demás.

Y no nos debería causar sorpresa alguna el descubrir que esta villa, tras el Concilio de Trento, sacara ya las imágenes por las calles tan pronto como otras ciudades pioneras en esta nueva costumbre; pues La Roda, por su situación privilegiada junto al ‘Camino Real’ que unía el levante con el centro de la península y por donde transitaban lo mismo tropas para embarcar en Cartagena que aventureros, comerciantes y viajeros hacia la Corte, siempre estuvo ‘al día’ en las nuevas tendencias y modas de las épocas.

Aquel Camino Real y posterior carretera nacional sigue existiendo actualmente conformando dos largas avenidas centrales de la villa que, como antaño, siguen siendo recorridas asiduamente por gentes foráneas y viajeras.

Somos varias personas las que hemos escrito mucho de nuestras solemnes procesiones y de sus hermandades participantes, que se elevan ya a nueve; y de sus lucidas túnicas e imágenes creadas por prestigiosos escultores del pasado y del presente, como Santiago Castellanos, Martín Casadewall, Ernesto Castera Masía, José Esteve Bonet, Gabriel Cantalapiedra, Carmelo Vicent, Gregorio Molera Torá, Daniel Salvador Alvarado, José Zamorano, Fernando Aguado, Joan Montero Arcas… Por lo que ahora es innecesario seguir pormenorizando otra vez el estudio e historia de cada una de ellas.

Semana Santa - La Roda - El Monolito
Semana Santa – La Roda – El Monolito

Sin embargo, sí quiero escribir mínimamente de las imágenes en general que en aquel Concilio de Trento se justificaron y recomendaron para el culto, pues eran las representaciones artísticas de Jesús, La Virgen y los Santos, tanto en pinturas como en esculturas, porque con su contemplación se fortalecía la fe de los fieles y estimulaba sus oraciones; pero no por su valor propio como materia, que sería idolatría, sino por su valor espiritual que enlazaba al creyente con la deidad o santos que representaban. Para comprenderlo adecuadamente, a los niños alguna vez les expliqué que podríamos imaginar una similitud con la emoción y respeto que despierta en un hijo la fotografía de su madre, o viceversa; cuyo respeto y devoción no surgen del valor material del papel impresionado, sino del valor espiritual que contiene su contemplación recordando a una persona amada.

El ser humano siempre necesitó de imágenes para reforzar sus pensamientos y creencias. La Semana Santa sin imágenes sería muy distinta, demasiado impersonal, vacía y fría. La contemplación de las escenas sufridas por Cristo emocionan, hacen reflexionar, y aceleran la contrición del creyente.

La gran antigüedad que posee nuestra Semana Santa, con más de cuatrocientos años, y la devoción, esplendor, riqueza, esfuerzo y solemnidad en continuo aumento que se manifiestan en sus celebraciones y procesiones, junto a otros requisitos que posee y oficialmente exigen las autoridades regionales para poderla declarar de Interés Turístico Regional, nos colman de satisfacción y orgullo.

Y nos sentimos muy honrados de pertenecer a esta noble villa que tan profundamente se involucra en esta especial festividad con un amor exacerbado de cristiandad. Como lo demostró siempre en cada uno de los más de estos cuatrocientos años de historia procesional, recordando con devoción y fe la Pasión, Crucifixión, Muerte y Resurrección de Jesucristo con oraciones y actos innumerables que fortalecen nuestras ancestrales creencias y tradiciones