Por La Roda lucharemos, por La Roda venceremos

El equipo de La Roda CF a comienzos de la temporada 2015-2016. En el centro, el presidente Juanfran Toboso y el entrenador Mario Simón. El club acaba de concluir con éxito su quinta temporada consecutiva en Segunda B y afronta por sexto año el reto de la permanencia.

Ayer perdió La Roda CF en Valdebebas ante el Real Madrid-Castilla por 6-1, aparatoso atropello que no ha sido una tragedia porque es intrascendente el resultado para la permanencia del equipo en la categoría, asegurada la semana pasada en el feudo municipal rodense con el empate a uno ante el Rayo Majadahonda. Aquel partido insulso llevó a unas gradas nutridas de afición y encendidas de fervor patriótico a sacar el desfibrilador ante la amenaza de infarto colectivo porque los de Mario Simón, impulsados por la jauría animadora local pero atenazados por los nervios ante el reto de certificar la permanencia o la defunción en Segunda B, fueron inicuos para el equipo contrario, que además contó con la bendición sostenida y pertinaz del arbitraje. Sólo la alianza entre el control de los desatados nervios y la suerte, que se puso de cara por un momento, coronaron una buena jugada colectiva de los rojillos con un remate de cabeza de Óscar Martín que se fue al fondo de la red contraria logrando conjurar, antes del descanso, la amenaza del gol de ventaja que llevaban los madrileños.

Al final del encuentro, el puntito del justo empate y la ayuda inefable del fallido resultado de la competencia en la cola de la tabla, nos libraron de un pasmo meridiano y del vértigo de ver aplazado el jaque mate a la última jornada ante el temible Castilla, que ha dejado fuera de juego a los rodenses por KO técnico. El año pasado la salvación llegó, con idéntico sufrimiento extremo para la afición –¡qué barbaridad, parecemos el Atlético de Madrid en sus buenos tiempos!–, en el último encuentro con el Cartagena. Esta vez nos hemos librado en el penúltimo round de la liga con igual sufrimiento pero por puntos. Vamos progresando adecuadamente, aunque nadie perderá la zozobra hasta que no se consiga acabar la liga alejados de los malditos puestos de descenso.

En el partido de ayer ante los blancos, los rodenses hicieron un buen juego en el primer tiempo pero se desfondaron en el segundo quedando a merced de la saña madrileña, que con la ayuda de San Isidro –por algo es el patrón de Madrid– se han alzado con el primer puesto del Grupo II. Pero no teman, no voy a comentar los lances del encuentro porque cualificados doctores tiene la santa inquisición de la crítica deportiva para enjuiciar debidamente actitudes y resultados y sentenciar a favor o en contra. Sólo haré algunas acotaciones al balance de la temporada y a las elecciones a la directiva del club, convocadas al concluir con el último partido de liga el mandato de la actual junta, presidida por Juan Francisco Toboso Martínez, que ya anunció en febrero su celebración este año. Precisamente hoy se abre el plazo para la presentación de candidaturas, hasta el 23 de mayo, y los socios podrán votar el domingo 29, al día siguiente de la final de la Champions en Milán entre el Real Madrid y el Atlético. Previamente, el próximo sábado 21, se ha convocado en el hotel Flor de La Mancha la asamblea general para dar a conocer a los socios el balance y la situación del club.

No hay quinto malo

El lema impreso a buril en el escudo del club de fútbol rodense, con el que abro esta crónica hecha a vuelapluma tras el partido, es inspirador, no cabe duda, y se ha tornado realidad esta temporada logrando la meta de renovar plaza en la sufrida y noble categoría de Segunda B. El lema es extrapolable a otras disciplinas y lo encarna a la perfección un triatleta rodense: David Castro Fajardo, ese muchacho que no corre sino vuela y se cuelga todas las medallas allá donde pisa, nada y pedalea. Eso ha ocurrido este fin de semana al proclamarse en Águilas (Murcia) campeón de España de Triatlón Sprint, élite y sub23, y de propina llevarse el oro en Acuatlón, también élite y sub23. Es un guepardo y está desatado. ¡Cuidadín!

A lo que voy. El club rodense ha unido ese lema a la otra propuesta por la que apostó el equipo a comienzos de temporada: «No hay quinto malo», que se ha cumplido como ley impresa en las tablas de Moisés. Efectivamente, no ha sido malo en lo deportivo el quinto año en Segunda B porque se ha logrado la permanencia y eso es motivo suficiente de felicitación y reconocimiento para todos: los jugadores primero, que se han portado como jabatos en el terreno de juego, favorecidos a veces por la fortuna y a veces entorpecidos por los vientos contrarios; luego, en el banquillo y en sus puestos de responsabilidad, el equipo técnico y el míster, que han cumplido su cometido a pesar de que siempre se les demanda el milagro de estirarse para llegar más alto; y por supuesto, la directiva, que las ha pasado canutas como es de ley no escrita en esta categoría y en este club. Aunque el resultado es lo que importa, la temporada que acaba de periclitar no ha sido fácil para ninguno, ni futbolísticamente ni «directivamente» hablando.

Al comienzo de la temporada escribí en estas páginas digitales que el fútbol sólo es justo a largo plazo y nunca antes, y que teníamos un equipo renovado con firmes promesas y las viejas ilusiones de seguir aspirando a más, si bien no se podía bajar las defensas porque sólo el esfuerzo combinado, la férrea voluntad de perseverar en el triunfo y la fe en el gol nos traerían las victorias que aún se nos resisten. Si en aquella crónica echaba un capote al míster y a los jugadores, hoy lo hago con la junta directiva, porque no estoy de acuerdo con lo que se ha escrito, dicho y oído sobre su falta de criterio o pobre gestión.

Que no todo se ha hecho bien, eso ya lo sabemos, nadie es perfecto. Aunque el resultado final es lo que importa, las notas no han sido todo lo buenas que deberían y a más de uno habría que templarle las orejas o imponerle un correctivo, empezando por los jugadores y su insolente desafío a la directiva –justificado o no– con aquella sentada en el césped del Toledo en protesta por el impago de las nóminas que el club les adeudaba desde hacía unos meses. El presidente Toboso y su junta han hecho siempre todo lo posible para beneficiar a los jugadores y han agradecido su esfuerzo, su trabajo y su paciencia. Éstos nunca han ignorado la situación económica del club y las pejigueras que lo atenazaban, pues no es culpa de los directivos que surjan imponderables como ha sido este año el no poder abonar algunos sueldos a su debido tiempo. El incumplimiento del compromiso adquirido por algún patrocinador, la subvención de alguna institución que no llega o la merma sin preaviso de los derechos televisivos, son avatares que no dependen de ellos y dan al traste con los presupuestos fijados de antemano. Más les pesa a ellos como una condena en su conciencia el regomello de no haber podido cumplir a tiempo con las entregas dinerarias.

En cualquier caso, pienso que no es razón suficiente tal retraso para que los jugadores asestaran este navajazo directamente en la ingle de la junta directiva, que nadie se podía esperar. Al final, con esa insólita y esperpéntica llamada de atención lo único que se consigue es desangrar por la herida al club entero; es desanimar a la afición y animar a quienes rigen los designios del club –ojo, por voluntad propia y sin beneficio alguno– a tirar la toalla.

A las pruebas me remito. El presidente estuvo a un tris de renunciar en aquel desplante y dijo que su junta no repetiría legislatura. Por tanto, ahora que llegan las elecciones es muy posible que no se presente de nuevo a la reelección, por mucho que le pueda entusiasmar el cargo –esto lo estoy suponiendo yo– y que los socios le estén pidiendo que siga y se olvide de apearse de la convocatoria –esto lo sé de buena tinta–. Son ya ocho años agotadores de mandato, que desgastan el ánimo y pesan como un mundo, sobre todo el último lustro ejerciendo en Segunda B con tan pocos medios, multiplicándose los retos y creciendo en proporción directa los disgustos. Esta junta directiva y su presidente habrán tenido sus fallos, pero algo habrán hecho bien porque si el club está donde está es gracias a ellos. ¿Qué hacemos ahora si no se presenta Toboso con los suyos de nuevo? Porque no veo que haya en la calle un bulle-bulle de candidatos disputándose el cargo y dispuestos a asumir la responsabilidad de seguir dando la batalla en Segunda B.

Recordemos que los directivos destinan al equipo su esfuerzo, su tiempo y su dinero de manera altruista y por amor a los colores de un pueblo del que se sienten orgullosos y quieren ver en lo más alto del pabellón en cada competición. De la veintena de personas de la junta directiva, los que se implican en su gestión –más bien pocos– lo hacen lo mejor que pueden considerando la escasez de medios, la limitación presupuestaria con la que cuentan y los múltiples problemas a los que se enfrentan. El presidente Juanfran Toboso, el vicepresidente José López Fernández, el tesorero Virgilio López Alarcón, el responsable de medios y protocolo Ricardo Moya Córdoba, y otros miembros de la directiva que están siempre al pie del cañón, y me atrevo a señalar a la única dama perteneciente a la junta, Pilar Tébar, y a su padre Antonio Tébar Simarro, tratan de alcanzar el equilibrio económico y social del club sobre una cuerda floja colgando del abismo. No se les puede pedir más ni reprochar nada.

Gastar lo que se tiene

Hace casi dos décadas, en 1997, entrevisté a Florentino Pérez, el hoy flamante presidente del Real Madrid, quien ha llevado al club blanco a la categoría de ser el equipo más valioso del mundo (3.155 millones de euros), seguido del Barça y el Manchester, según la revista Forbes. Con cincuenta años de edad, Florentino ya era un notable empresario y ese mismo año creó el monstruo de constructora que hoy es el grupo ACS. Su ambición profesional –dicho en el mejor sentido– estaba a punto de consolidarse, pero la personal aún no se había colmado y la presidencia del club de fútbol de sus sueños, el Real Madrid, se le resistía. Había perdido por escasos setecientos votos las elecciones anteriores del 95, en litigio con el presidente Ramón Mendoza y otros dos candidatos: el constructor Juan Miguel Villar Mir (que al final se colgó de la chepa de Mendoza) y el empresario Santiago Gómez Pintado, que fue en realidad el que restó votos a Florentino impidiéndole alcanzar entonces su sueño. Acusaba el presidente de ACS de la mala gestión y del derroche del club blanco a la directiva capitaneada por Lorenzo Sanz, que ese año 97, al dejarlo Mendoza, pasó de ser vicepresidente a presidente. Le pregunté a Florentino por la nueva directiva y si no era una locura un deporte que movía tanto dinero, pues ese año se había invertido 36.000 millones de ptas. sólo en fichajes.

«Yo creo que la locura es gastarte lo que no tienes –me respondió–. El que sea mucho o poco no es importante. Si un club tiene ese dinero para gastárselo, me parece bien. Si no lo tiene, me parece mal. Y esa es un poco la realidad del Madrid, que siempre se ha gastado lo que no ha tenido y es también la realidad por la cual el Madrid no es lo que siempre fue: un club que se gastaba lo que tenía y en esa dirección llegó a ser el mejor equipo del mundo. Desde que se gasta lo que no tiene es un club sujeto permanentemente a tensiones, sin una estrategia definida y con una situación inestable que hace que no sea hoy lo que siempre fue».

La Roda CF es un club modesto con un grandísimo equipo que no se gasta lo que no tiene y que hace milagritos para afrontar sus compromisos. Es una entidad deportiva viable económicamente, que no tiene pellas con los bancos, que invierte todo lo que recauda –que siempre es poco– en sus jugadores y técnicos, quienes saben sacar pecho y garra cuando hace falta. Lo han demostrado con sobrada categoría midiéndose estos años de igual a igual con otros clubes respaldados por municipios y capitales de provincia diez, quince y veinte veces más grandes que La Roda y con más medios, mayor presupuesto, mejor subvencionados y más endeudados. Y pongo por ejemplo los que acaban de descender al infierno sin ventanas de la Tercera División: el Talavera, el Portugalete, el Getafe B y el Guadalajara, yéndose al play off de descenso el Leioa.

Instituciones como la Federación Española de Fútbol, la Diputación de Albacete, el Ayuntamiento de La Roda, etc., apoyan la labor de la directiva y seguirán aportando su granito de arena en la medida de lo posible –sería suficiente incluso con que no recortaran sus ayudas–. Su contribución es fundamental en esta categoría y sólo queda pedirles para la próxima temporada que cumplan en tiempo y forma con el club y éste reciba lo que en justicia su posición en Segunda B exige para seguir enarbolando en lo más alto el digno pabellón que representa.

Al entrenador Mario Simón se le debe exigir temperamento para procurar la regularidad en el juego de sus pupilos, sacando adelante el caudal ofensivo del vestuario y estimulando su espíritu de lucha. A los jugadores no se les puede demandar más que arrancarse de la piel el tatuaje de equipo modesto y a veces triste y como falto de motivación, porque cuando quieren son capaces de exhibir en elevado grado y con buen tiento su bravura y un juego de calidad superior para dar la murga al adversario hasta dejarlo por los suelos picando hulla bajo la hierba. Los resultados llegan cuando creemos más en los sueños que en los miedos.

Ninguno, ni las instituciones, ni los jugadores, ni el entrenador, ni la directiva, ni los socios, ni los patrocinadores, ni los medios de comunicación, ninguno debemos olvidar dónde estamos y lo que ha costado llegar hasta aquí. ¡La Roda CF sigue en Segunda B!, un sueño jamás pensado en medio siglo de historia del club rojillo. La próxima será la sexta temporada manteniendo la dignidad y la magia que dignifican este deporte.

Creo que tenemos suficientes motivos para enorgullecernos de nuestro equipo y brincar a la pata coja de alegría. Apostemos de nuevo por esta directiva para que La Roda CF siga dándonos a la afición las alegrías que el denodado esfuerzo de sus jugadores y nuestra pasión de fieles seguidores se merece.