La Roda se coló en la final de la Champions

De La Roda a la Champions. A la izda., Zinedine Zidane cuando era el técnico del Castilla, con Mario Simón, entrenador de La Roda CF, el pasado mes de enero. A la dcha., con la Undécima Copa de Europa conseguida el sábado por el Real Madrid en la final de la Champions en Milán ante el Atlético de Madrid.

La vida es injusta y marrullera, eso ya se sabe. Y el deporte no es una excepción. El fútbol, un claro ejemplo. El Real Madrid arrancó el sábado en Milán la orejona al Atlético de Madrid por los pelos en un encuentro muy tenso, largo y disputado en el que, sobre los muchos méritos y el despliegue de un juego nada brillante de ambos contendientes, se alzó la mayor suerte de los merengues, que en el tiempo de los siempre azarosos penaltis certificaron notarialmente ante una audiencia de quinientos millones de personas el negro sino de los colchoneros. La derrota es muy triste cuando se ha acariciado la victoria tras empeñar la vida entera, y la victoria es doblemente celebrada cuando con el mismo empeño se ha estado a punto de fracasar. Simeone, reconociendo el mérito del Madrid, dijo tras el partido que el mejor es el que gana. No estoy nada de acuerdo, no siempre gana el mejor, ni siquiera gana el que mejor juega; a veces es la suerte la que se yergue en juez único e inapelable sentenciando caprichosamente el resultado. No es este el caso, pero si existiera una justicia sideral y el premio no fuera indivisible, la Copa de Europa debería bendecir ex aequo a ambos equipos, como ocurre con algunos premios literarios o poéticos, como pasa con las herencias y como se reparte equitativamente la gonorrea entre los amantes.

Digo esto desde el dolor esquizofrénico que me produce haber visto un enfrentamiento fratricida en la cumbre, entre dos equipos de los que soy simpatizante y que se fajaron el sábado a muerte jugando al fútbol aunque sin dar un auténtico espectáculo: uno, los blancos, por vecindad y adscripción voluntaria desde mi infancia, y el otro, los rojiblancos, por simpatía y por sentirme depositario de la herencia paterna. Lo conté en El Monolito hace dos años antes de aquel partido que también dio la Europa Champions League a los del Bernabéu: «Mi padre me inoculó de pequeño el venenillo agridulce y almizclero de la pasión por el fútbol. Me llevaba de la manita a los campos madrileños del Plus Ultra y el Metropolitano los domingos por la mañana, que es cuando se jugaban los partidos de liga en aquellos años sesenta del desarrollismo, la época del tranvía, los serenos y el tabaco de cuarterón. Mi padre fue un enamorado del enigmático y esquivo Atlético de Madrid. No le bastaba con ser sufridor en la vida, también quiso ser masoquista de vocación balompédica».

Para mí ha sido, por tanto, una victoria sublime y merecida del Madrid y una derrota triste e injusta del Atlético. Un partido doloroso y con sabor agridulce. De ahí viene que no me gusten nada estas finales internacionales netamente españolas, y peor aún si son equipos madrileños, derbis de gran nivel y alto voltaje, como ya ocurriera hace dos años, cuando se enfrentaron los mismos que ayer repitieron el mismo partido ya visto que concluyó con idéntica gloria para uno y dolor para el otro: ganando el Real Madrid en el último segundo del partido y de purito milagro. Entonces vencieron en Lisboa por méritos propios gracias al gol de cabeza de Sergio Ramos y ayer en Milán por méritos ajenos al repeler el palo el balón lanzado por Juanfran en el cuarto penalti. Las lágrimas de Juanfran mostraron la desazón que embarga a los héroes ante el fracaso, y su humildad pidiendo perdón a los aficionados atléticos no es cosa distinta que el valor de los grandes guerreros. Hombres así y aficiones respetuosas como las de los dos equipos dignifican y hacen grande este deporte. Para los del Manzanares, que tanto han luchado venciendo a grandísimos equipos europeos hasta llegar a esta final de la Liga de Campeones, el mazazo ha sido tremendo y por segunda vez, aunque hace dos años la pérdida de la Champions ante el Madrid fuera menos trágica por el éxito previo de arrebatarle la Liga nacional al Barcelona.

La Roda, protagonista

Aparte de los 50 millones de euros que se embolsa el campeón, lo que repercutirá en una prima de envergadura para los jugadores del equipo presidido por Florentino Pérez, el que ganó ayer de verdad fue el nuevo entrenador del Real Madrid, ese hombre de gran empaque como jugador y de indiscutible categoría como entrenador, cuyo nombre es un trabalenguas indescriptible, alegre, lírico y cuasi capicúa: Zinedine Zidane, o sea, Zizou. No podía ser más fulgurante su estreno en la primera división, hace tan solo cinco meses, con la culminación ahora del trofeo de la alta competición europea. Eso es llevar la suerte pegada al jánder. Está de enhorabuena pero probablemente no sepa que se lo debe a mi pueblo, al que el francés se halla unido por un lazo invisible e indubitable que ha hecho protagonistas a ambos en esta final de infarto. La Roda también ha estado presente en este disputado encuentro y ha sido nombrada en diversos medios de comunicación a propósito del partido, principalmente en el diario Marca y en la retransmisión en directo que hizo Antena 3.

Desde que pisó La Roda el pasado mes de enero siendo entrenador del Castilla, todo le ha venido rodado al mítico jugador del equipo blanco. Aquel encuentro dominical en los predios rodenses, donde a punto estuvo de palmar el equipo visitante pero remontó en el último minuto del partido llegando al resultado final de 2-2, fue el talismán que le lanzó al estrellato. Al día siguiente, tras empatar el Madrid con el Valencia (además curiosamente por 2-2), Florentino Pérez ajusticiaba a Rafa Benítez y ascendía a entrenador del primer equipo a Zizou. Los miguelitos que se llevó éste de recuerdo llevaban mezclado con el glas que los recubre el polvillo de la varita mágica de un hada. Sino no se explica tanta suerte. Ha pasado de conseguir como jugador del Madrid la Novena Copa de Europa, en 2002, a traerse en 2016 a la vitrina del centenario club blanco la Undécima siendo entrenador.

El diario Marca recordaba el partido que despidió a Zizou del Castilla en un artículo titulado Roda to Milano, que recordaba esa misma anécdota. En aquella ocasión el entrenador de La Roda CF, Mario Simón, que ya estando en el Albacete se enfrentó a Luis Enrique como técnico del filial azulgrana en Segunda, le deseó mucha suerte al técnico blanco: «Cuando le saludé le deseé suerte y mira, al día siguiente era el nuevo técnico del Real Madrid y ahora está en la final de la Champions», bromeaba Mario Simón en declaraciones al diario madrileño. Y el francés, que no se para en barras, se llevó toda la suerte. Bueno, no, toda no. Dejó algo para que el equipo local llegara al final de la Liga consiguiendo la permanencia en la categoría de Segunda B. Le faltó, sin embargo, dejar algo más para evitar que el Albacete descendiera de categoría.

Así cuenta el Marca aquel partido: «…Y es que el técnico blanco dirigió el pasado 3 de enero en La Roda (Albacete) su último partido con el Castilla antes de tomar las riendas del primer equipo. Ahora, sólo 145 días después, estará en el banquillo de San Siro dirigiendo al Real Madrid en la finalísima de la Liga de Campeones (…). No fue un partido fácil para los chicos de Zizou, que a poco del final iban perdiendo 2-1. Sin embargo, un gol de Mariano en los últimos compases del encuentro puso el empate a dos en el marcador y evitaba la derrota (…). Un día después de jugar en La Roda, comenzaba la era Zidane en el Madrid».

El articulista de Marca, afirmando que junto a Zidane a pie de césped en aquel partido en el Municipal de La Roda estaba Mario Simón, hace referencia a las declaraciones del técnico del equipo local. «Para él, más que para nadie, será llamativo ver mañana al técnico al que se enfrentó hace apenas cinco meses en Segunda B en toda una final de la Champions: “Un imposible cuento de hadas como este de Zidane sólo está al alcance del entrenador del Castilla o de alguien que lo ha sido todo en el mundo del fútbol. Para el resto de los técnicos de nuestra categoría es algo impensable, inimaginable. Muy poca gente está capacitada para que le suceda algo así. Por eso lo veo como una anécdota”, cuenta el técnico de La Roda, que verá por televisión a Zidane en Milán 145 días después del duelo que mantuvieron el pasado 3 de enero».

Finalmente, resalta el informador del diario deportivo una frase en la que Mario Simón guarda el recuerdo de Zidane de aquel partido con admiración: «Lo recuerdo muy tranquilo en el área técnica, quizás por haber sido jugador y estar acostumbrado. No se le veía exaltado ni nervioso, estuvo muy correcto todo el partido». Simón reconoce al periodista de Marca que «en su momento, el ascenso de Zidane al primer equipo fue muy comentado en el vestuario de La Roda. Decíamos que qué hubiera pasado si no nos hubiesen empatado y el Castilla hubiese perdido aquel partido. Si habrían subido a Zidane perdiendo en La Roda… Pero bueno, la verdad es que le deseo lo mejor y que tenga mucha suerte. Está haciendo las cosas bien sin haber tenido mucho tiempo».

Un político famoso vio el partido en La Roda

Otra de las referencias a La Roda salió publicada el sábado del partido en el diario digital Huffington Post, en un breve artículo firmado por el diputado de la Asamblea de Madrid y senador de Podemos, Ramón Espinar Merino, afamado tertuliano televisivo y fan del Real Madrid, que vio el partido en La Roda tras dar un mitin en la puerta del parque central. Con el título La final de la Champions. Como siempre, Espinar daba un repaso en el diario digital al significado social y personal del fútbol y, refiriéndose a La Roda, dijo: «Hace dos años un buen amigo tuvo un problema de salud. Ya se ha repuesto, pero fue un buen susto para él y su familia. Y para sus amigos, claro. Le operaron dos días antes de la final de la Champions entre el Madrid y el Atleti, después de meses cantando a los cuatro vientos que “este año sí, este año la ganamos”, y no iba a poder verla en el bar de siempre porque se había ido a su pueblo, La Roda (Albacete), a pasar el postoperatorio. Sus amigos decidimos, ese sábado, hacer dos cosas: ir al bar de siempre a recoger un puñado de las aceitunas que ponen de tapa con las cañas y bajarnos a La Roda a darle la sorpresa. La sorpresa le encantó y lo demás está contado: el gol de Ramos en el 93, la décima y la alegría desbocada».

El político madrileño concluía el artículo de esta acertada forma: «Por superstición y por amistad, hoy volvemos a La Roda los amigos de siempre. Animaremos al Madrid, como siempre; la cerveza sabrá como siempre, vocearemos y nos abrazaremos en cada gol, como siempre y, siendo el fútbol una cuestión de tradición y rutina, el Madrid ganará la Champions. Como siempre».

Para rematar la faena, el título de este artículo se hace literal si contamos que el concejal de Economía y Hacienda del ayuntamiento rodense, Constantino Berruga, se fue a San Siro con su hijo pequeño a exhibir una banderola española de dos metros y medio de largo con el nombre del pueblo inscrito en ella.

Lo dicho: La Roda se coló en la final de la Champions. Y yo aprovecho antes de concluir para hacer una referencia al fútbol local. Quiero felicitar a Juanfran Toboso por su sabia decisión. Al no haber candidaturas para afrontar el reto, este valiente rodense ha reflexionado su inicial intención de abandonar el puesto y ha decidido continuar un año más en el difícil y equilibrista ejercicio de la presidencia de la entidad rojilla. La Roda CF tiene un futuro esperanzador y comprometido en Segunda B y sólo este hombre y su eficaz directiva pueden afrontar con garantías el reto de la continuidad en la categoría.