Pregonando nuestra Semana Santa

Hoy es Viernes Santo y ya pintan los almendros de blanco la llanura manchega en este día clave y meridional de la Semana Santa, la celebración religiosa más importante y con más hondas raíces en la historia de occidente. En La Roda, que cuenta en la actualidad con nueve hermandades que juntan lo menos 2.500 nazarenos en procesión, la celebración de la Pasión se vive con espiritualidad penitencial desde las postrimerías del siglo XVI –puede que incluso antes–, pues luenga es en el tiempo su tradición, proveniente de la Edad Media su recia raigambre. Concretamente se fundó en 1594, en la ermita de San Sebastián, la cofradía de la «Sangre de Cristo», que pasaría a denominarse de «Jesús Nazareno» en el siglo XVIII, tiempo en el que coexistieron en La Roda cofradías como las del «Santísimo Sacramento», «San Roque», «Santiago», «Vera Cruz», «Nuestra Señora del Rosario» y la de las «Ánimas», que había sido fundada muchos años antes, en 1624 en la ermita de San Miguel.

Sin embargo, en 1830 habían desaparecido casi todas, menos las de Jesús Nazareno y la del Rosario, que tenía su sede en la capilla homónima de la iglesia parroquial. Al siglo XX sólo llegó la primera, pero en los años veinte resurgió con fuerza la fundación de nuevas cofradías gracias al impulso del cura Fernando Pastor de la Cruz. La primera lo hizo en 1928: la «Hermandad de la Oración del Huerto»; después llegaron otras dos: en 1929 la del «Santo Rostro-La Verónica», y en 1930 «Nuestra Señora de la Soledad». La irrupción de la guerra civil enfrió el fervor pascual al suspenderse las celebraciones en la zona republicana, entre otras causas porque acabó en pavesas toda la imaginería, y hasta la década de los cincuenta, cuando la postguerra y la hambruna cedieron en su ímpetu desvencijador de vidas y haciendas, no volverían a florecer otras cuatro cofradías gracias a los auspicios del arcipreste Joaquín Díaz Rueda. Tres eclosionaron al unísono en 1952: «Santísimo Cristo del Perdón», «San Juan Evangelista» y «La Dolorosa», y la cuarta, «Jesús amarrado a la columna», vio la luz en 1957 fundada por el autor de Algo de nuestro pueblo, Inocencio Martínez Angulo.

Otra sequía de hermandades afectó a la sociedad rodense en los albores de la democracia, en los pasados años setenta y ochenta, donde a punto estuvieron de desaparecer algunas –de hecho así ocurrió con la «Oración del Huerto»–, pero a comienzos de los noventa recobraron nuevo impulso y crecimiento, resucitó la fenecida cofradía, aumentaron las inscripciones de nazarenos e incluso se fundó otra hace nada, en 2012: «Jesús coronado de espinas», ganando el conjunto en fervor, vistosidad y solemnidad. Así ha llegado la Semana Santa hasta nuestros días, con tal punto de fervorosa religiosidad y pública asistencia que el pasado año 2015 fue proclamada por las autoridades autonómicas como de Interés Turístico Regional.

Pregoneros de categoría

Ese resurgir de la Pasión de Cristo en los noventa con tan renovados bríos ocurrió gracias a la entrega y el trabajo de los hermanos mayores y de sus fervientes cofrades, que unieron fuerzas para imprimir nuevas formas y mayor calado a los autos de fe conjuntos. Entre otras innovaciones, el mayor acierto de la Junta de Cofradías fue instaurar el Pregón de Semana Santa, lo que dio categoría superior y un fundamento irrebatible a la festividad eclesiástica. Veinte años hace de aquel pregón inaugural que, en 1996, se escuchó en La Roda a cargo del gran poeta y abogado Juan José García Carbonell, archiconocido por su emblemático y emocionante poema a la navaja. Para redondear estas dos décadas, el pregón de este año 2016 le ha correspondido a otro abogado, si bien escritor, Juan Ruiz Carrasco, Hermano Mayor de la cofradía de «Nuestra Señora de la Soledad y Jesús Cautivo» y pilar básico del desarrollo de la Semana Santa desde su puesto en la propia Junta de Cofradías.

Entremedias, la Semana Santa rodeña ha contado con pregoneros autóctonos de gran categoría literaria, reconocida erudición y demostrada fe en el misterio de la Pasión de Cristo: Ángel Aroca Lara (1997), Manuel Cortijo Rodríguez (1998), Adolfo Martínez García (1999), Mariano Jávaga Fernández (2000), Antonio Morales García (2001), Francisco Cisneros Fraile (2002), Marciana Molina López (2003), Carlos Rubio Plaza (2004), Marcial Alarcón Martínez (2005), Carmen Escribano Martínez (2006), Federico Martínez Giménez (2007), Santiago Arribas Moya (2008), Juan Ramón Levia López (2009), Elvira María Simarro López (2010), Pedro Manuel Víllora Gallardo (2011), Paquita Ruipérez Pérez (2012), José Martínez López (2013), Carlota Lorenzo Romero (2014) y Delfina Molina Muñoz (2015).

De estos lances pregoneros da buena cuenta el libro titulado Pregones y pregoneros de la Semana Santa de La Roda. 1996-2011, que publicaron al alimón en 2011 el propio Juan Ruiz Carrasco y su gran amigo Mariano Jávaga Fernández, q.e.p.d, Hermano Mayor que fue de la cofradía del «Santo Rostro-La Verónica», que, como hemos visto recogido en su propia obra, fue pregonero del año 2000. De los aconteceres históricos de la Semana Santa en nuestro pueblo, mencionados al comienzo de este texto, no hay mejor biblia que la precisión milimétrica –hasta el año 2007, fecha de su edición– con que se detalla su desarrollo en la obra Tradiciones y creencias. Historia de la Semana Santa de La Roda, del historiador y artista Adolfo Martínez García.

El Pregón de este año

El último pregón, el de este año 2016, ha sido dictado por Juan Ruiz Carrasco por encargo precisamente de la cofradía «Santo Rostro-La Verónica», un pregón muy medido y antológico, cargado de sentimientos y sincerado en las convicciones religiosas del pregonero, que a modo de evangelista pregonó a los cuatro vientos, con un valor de recitación elevado, su profunda oración misional, ecuménica y mística recorriendo la historia de la Semana Santa de La Roda y sus cofradías e ilustrando su verbo con imágenes proyectadas y emotivos homenajes y recuerdos a los dos miembros destacados de la comunidad cofrade fallecidos recientemente: Mariano Jávaga Fernández y César Alarcón Martínez.

El solemne y religioso acto, que fue presentado por Ángela Jávaga, tuvo un cierre apoteósico con la actuación estelar de Susana Jareño y David Mancebón, profesores del Conservatorio Torrejón y Velasco, de Albacete, y tuvo un prolegómeno de lujo con la exhibición de una nueva versión en alta definición del aclamado vídeo de la Semana Santa de 2008, actualizado tras el rápido crecimiento posterior de la representación de la Pasión en La Roda. El vídeo, realizado por Carlos Rubio Plaza por encargo expreso de la Cofradía «El Santo rostro-La Verónica» y dedicado a los dos antedichos defensores de nuestra Semana Santa, recientemente desaparecidos, tiene una fuerza tremenda y transmite gran emoción. Conjuga imágenes reales de las procesiones y los pasos rodenses, comenzando por la oración y agonía en el Huerto de los Olivos, la flagelación de Jesús, la coronación de espinas, el camino de Jesús al Calvario con la cruz a cuestas, la crucifixión y muerte de Jesús y la resurrección al tercer día de su muerte, con imágenes de la película «The Passion of the Christ», un largometraje estadounidense del año 2004, basado en los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, dirigido por Mel Gibson y protagonizado por Jim Caviezel como Jesús de Nazaret. Si el film fue candidato a tres premios Óscar de la Academia de Hollywood, el vídeo de Carlos Rubio no se merece menos por su espectacularidad y el trabajo que sin duda ha llevado culminar tan espléndido logro.

Por dar una pincelada de sus extraordinarias palabras diré que Ruiz Carrasco hizo un paralelismo similar comparando nuestro paso por la vida con la propia Pasión: «Que nadie se engañe, en este largo peregrinar por esta vida, hasta llegar a nuestro vía crucis particular, hemos de desempeñar todos y cada uno de los papeles de la Pasión».

La historia de cada persona

Profundizó en esta aseveración tan ilustre pregonero en su magnífico pregón, que fue muy emotivo y aplaudido: «Seremos público aclamante, como los que ensalzaban a Jesús en la borriquilla entrando en Jerusalén. Seremos discípulos más preocupados por nuestro puesto en el banquete que por el motivo del banquete en sí. Seremos amigos inconstantes, como los discípulos en la oración del Huerto, que abandonan al primer cansancio y se dejan vencer por el sueño. Seremos amigos que traicionan como Judas o amigos que desenvainan la espada como Pedro. Seremos guardias judíos que simplemente cumplamos con nuestra obligación, sin reparar en la justicia de la misma. Seremos traidores como Pedro, que negaremos a nuestros amigos ante las dificultades. Seremos Caifás o Anás, que creyéndose investidos de autoridad divina, no sirven a otra cosa que a sus propios intereses. Seremos verdugos que flagelan y coronan con hirientes espinas al débil, aunque sólo sea por seguir las órdenes. Seremos Pilatos que se lavan las manos y dejan a otros el trabajo duro de tomar las decisiones. Seremos público que abuchee a aquellos que cargan con sus cruces camino de sus particulares calvarios, sin plantearnos los porqués de esas situaciones, pero dejándonos arrastrar por la masa. Seremos Cireneos que ayuden a cargar cruces que no son nuestras, pero que por amor y simple compasión asumiremos como propias. Seremos Verónicas, que ante el caído limpian el rostro del sufrimiento, siendo espíritu de la misericordia de Dios. Seremos soldados romanos que crucifican aunque solo sea con palabras, recibiendo sin entenderlo el perdón de a quienes ajustician. Seremos testigos, como María, Juan y María Magdalena, de tantos seres queridos que mueren en sus cruces particulares y rompen en luz desde sus sepulcros para resucitar».

»Esta es la historia de cada persona –dijo Juan Ruiz Carrasco en el tramo final de su discurso–, la historia de cada hijo de Dios que está llamado a vivir su propio camino de salvación, y que cada uno habrá de recorrer a su manera. Así, todas y cada una de las personas que transiten por esta vida, habrán de tomar el testigo de vivir y sentir la Pasión, que en La Roda se vive, sin lugar a dudas, de una manera especial.

»Para todos y cada uno de nosotros hay preparada una Procesión del Encuentro, como final de nuestro vía crucis terrenal. Un día, cada uno de nosotros tendrá que atravesar las nubes que separan la Plaza Mayor de La Roda de la del Cielo, sí, más allá de la veleta de la torre de El Salvador, y ser protagonista de la luz del Domingo de Resurrección. Ese día, tras franquear las puertas que guarda San Pedro, seremos conducidos por San Juan y Santa María Magdalena al centro de una plaza abarrotada. ¿Por quién? Pues por todos esos que nos precedieron en la Resurrección. Veremos miles de túnicas de todas las hermandades y gentes de paisano, pero todo caras conocidas, amigas, hermanas… Mariano Jávaga y César Alarcón, cargados de sus cámaras para inmortalizar el momento; Antón Moratalla con su alba inmaculada; Juan García y Gabriel Martínez apoyados en sus báculos de hermano mayor; a mi abuelo Faustino con su túnica de la Soledad del brazo de mi Lala; a mi abuelo Juan asomándose por la calle de las Peñicas… y tantos y tantos otros, que no se querrán perder el momento en el que cada uno habrá de encontrarse con Nuestra Señora de la Soledad revestida con el manto blanco, que será la que nos acompañe al encuentro de los brazos de Cristo Resucitado, que no acogerá en su seno, fundiéndonos en un abrazo eterno».

Y concluyó el pregonero afirmando: «Mientras ese día llega, esperaremos ese Encuentro definitivo con Cristo viviendo todas y cada una de las Semanas Santas de La Roda, sintiéndonos nazarenos como se sintieron nuestros mayores y como habrán de sentirse todos los que sigan nuestros pasos».

Nada que envidiar

Ya dejé dicho aquí en otra ocasión que durante años asistí a las celebraciones de Semana Santa de muchas ciudades y pueblos importantes, entre ellos Madrid, que se ha convertido en los últimos tiempos en una Sevilla descontrolada y apoteósica donde es imposible ni acercarse al itinerario de las procesiones de tan densa como es la trinchera que forma el gentío desde horas antes de su inicio. En base a ello puedo decir que las procesiones rodenses, tan bien organizadas, ordenadas y dirigidas, tan tradicionales y con tanta belleza, colorido y solemnidad, no envidian nada de esas otras. Por el contrario, su contemplación en ese mágico y seductor escenario que son las calles silentes del pueblo, rota su quietud centenaria por el redoble de los tambores y los arpegios de los pífanos, es enriquecedora del espíritu y gratificante a los sentidos. En estos días santos el vecindario participa, asiste a las procesiones y da pruebas de un respeto y un civismo envidiables, lo que enaltece, dignifica y presenta a La Roda como un pueblo culto, respetuoso y cristiano.

Y yo despido este artículo con los versos de José María Pemán impresos en el colofón del libro mencionado de Adolfo Martínez, que dan la medida de lo que muchos en estos días santos sienten ante la multitudinaria celebración de la Pascua:

«…¡Brazos rígidos y yertos,

por tres garfios traspasados,

que aquí estáis, por mis pecados,

para recibirme, abiertos,

para esperarme, elevados!

¡Cuerpo llagado de amores!

Yo te adoro y yo te sigo:

yo, Señor de los señores,

quiero partir tus dolores,

subiendo a la Cruz contigo…»