Triste despedida de «El Monolito»

El autor se despide con tristeza de «El Monolito», aunque asegura que regresará a estas páginas para colaborar con temas afines a la nueva naturaleza informativa del periódico: el deporte.

Que nadie malinterprete el título de este artículo. El Monolito se queda en su sitio, el que se despide soy yo. Aunque me voy como la Pantera Rosa, de puntillas, a zancadas, en silencio y mirando a diestra y siniestra para que no se note mucho, que tampoco me voy del todo. O sea, me voy y no me voy; es decir, me voy sólo la puntita. Me explico: resulta que los gerentes de este periódico no sabían cómo evitar que este carcamal siguiera dando la rosca chapa a los lectores, y no encontrando forma humana de despegarme de estas páginas –ni con agua caliente–, han optado por la original e inesperada idea de hacerme el vacío. Me han dejado como a Matt Damon en Marte, más solo que la una. Le han cambiado el paso al diario digital trocando su esencia informativa general por especializada en el mundo del deporte, y con ello me he quedado traspuesto, descompuesto y con cara de panoli, tal que si me hubieran dado el tocomocho por abusar del calimocho. Mi colaboración semanal, como venía siendo hasta ahora, es decir dedicada a la historia, a la gente, a las cosas de La Roda y a otros menesteres propios de mi condición culiparlante, culiescribiente y culinquieta, queda fuera de contexto y no tiene sentido alguno, como no lo tienen ya las noticias generales o de otra índole. Los públicos son distintos y los mensajes y las informaciones a ellos destinados deberán estar ajustados a sus exigencias y requerimientos.

Lo cual no quiere decir que un servidor no vaya a seguir colaborando con el periódico –lo llevan claro si piensan que se van a librar de mí–. Todo es cuestión de travestirse. Si los mandamases de este sacrosanto guardián de la eucaristía deportiva rodeña no me quieren por ser rémora del pleistoceno, regresaré furtivamente a estas páginas con otra pinta y nuevos bríos, sudadera de cuero, gayumbos ajustados al periné marcando paquete y zapatillas de siete suelas y color fosforito. Seguiré al pie del cañón aportando material de jurisdicción deportiva, aunque considerando que este ejercicio requiere testimonios presenciales, mis apariciones serán más espaciadas y esporádicas, como las de los fantasmas –si bien procuraré que sean cantarinas, o sea, arrastrando los grilletes por la tarima flotante– y cuando entienda que tengo algo interesante que contar en este terreno áulico que iniciaron hace dos mil años los dioses del Olimpo prendiendo la antorcha.

Hay que ver las vueltas que da la vida y lo que son las cosas, con lo a gusto que estaba yo aquí dándole a lo mío y despotricando a mis anchas sin tener que rendir cuentas a nadie, y ahora, mira tú por donde, me tengo que despedir. Hace tres semanas cantaba con orgullo loas al centenar de artículos publicados en poco más de dos años en este periódico, prometiéndomelas muy felices y pensando en perpetrar el centenar siguiente, y con el número 103 me marcho. Precisamente «103», el coñac que se tomó don Camilo cuando estuvo en La Roda hace 66 años para ser el Mantenedor de la Gala Literaria de entonces, que eran los Juegos Florales de primavera. Se pimpló él sólo más de media botella del brandy y cayeron tres en total en una larga noche mientras el escritor, con el fin de forjar su discurso del día siguiente, 2 de junio de 1950, interrogaba a los miembros de la Comisión de Fiestas que le había contratado para tal menester. Esto lo contó en Teleroda don Antonio Morales, que fue testigo y comparsa de aquel acontecimiento: «Don Ángel Escribano sabía muy bien que dejar solo bebiendo a un forastero nunca ha estado en las reglas de la hidalguía rodense».

Recuerdo ahora a don Camilo porque este 11 de mayo se cumple el centenario de su nacimiento y pensaba haber dedicado este artículo 103 a su paso por La Roda y a resaltar su figura, que a estas alturas de la pinícula sigue sin ostentar una calle dedicada en nuestro pueblo, lo que tiene perendengues, mi brigada… Tenemos un callejero petado de distinguidos escritores de todos los tiempos, menos don Camilo. ¿A qué esperan nuestros regidores para enmendarse la plana? Dentro de medio siglo nosotros, los que fuimos contemporáneos del escritor y conocimos sus andanzas personales, no estaremos aquí y se habrá olvidado sus meadas fuera de tiesto y su provocadora actitud pública a beneficio de inventario. Sólo quedará su obra, que se hará gigante con el tiempo al estilo de la de Cervantes. La Roda tiene fama por el nivel de sus galas literarias, que han sido siempre y por tradición sobresalientes –la prueba es que estuvo aquí el propio Cela (y Gerardo Diego y José García Nieto, Félix Grande, Rodrigo Rubio, etc.)– y han cosechado en su historia una bien merecida fama. Pero si no remediamos este esguince cultural, también seremos el único pueblo importante que habiendo tenido el privilegio de contar con su presencia entre nosotros, no ha reconocido públicamente la relevancia universal del escritor, un premio Nobel que distinguió a La Roda con sus palabras y señaló en sus escritos, como nos recordó tiempo ha el historiador Adolfo Martínez.

Un diario para resaltar el importante deporte rodense

Volviendo a El Monolito y su cambio de naturaleza informativa, imagino que los lectores ya lo habrán apreciado en las últimas semanas, pues se ha ido transformando paulatinamente su sustancia noticiera dando todo el resalte e importancia al deporte local. Se veía venir que la balanza se inclinaba hacia ese campo especializado. Al fin, desde el pasado 1 de mayo es oficial y a partir de ahora El Monolito es un diario dedicado por completo al mundo del deporte.

Sinceramente, a mí me parece una estupenda opción internauta la que ha escogido su valiente editor, el magnífico reportero Marcelo Rodríguez Tardito, un apasionado del deporte patrio, decidiendo dar un paso adelante, un paso de gigante, al apostar por el deporte rodense que, apoyado por importantes patrocinadores locales y por la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de La Roda, ha alcanzado altísimos niveles y una actividad desatada, por lo que bien se merecen nuestros deportistas esa dedicación exclusiva de un medio digital. Es más, El Monolito es el único periódico que da al deporte la autoridad que tan importante disciplina tiene y merece, y viene ofreciendo una información exhaustiva y bien documentada sobre todos los acontecimientos locales, que cada vez son más, siendo La Roda, gracias a sus infraestructuras, acogedora sede de torneos y campeonatos en muchas disciplinas y en todos los niveles, tanto regionales como nacionales.

Por otra parte, en estos tiempos en los que se impone la especialización, siempre he pensado que en cualquier parcela hay que tratar de ser el mejor –otra cosa bien distinta es su aplicación en carne propia, que no ha dado resultado–; es decir, diarios digitales de actualidad general dedicados a La Roda hay varios; deportivos sólo este. Hace unos meses el periódico afrontó un importante cambio de diseño como parte de su estrategia, que cada vez cobra una importancia mayor, de captación de lectores. Éstos se hallan más orientados visualmente y han aprendido a seleccionar el material de lectura, ya que internet les ofrece mucha más información de la que pueden abarcar y del tiempo de que disponen. Por ello es necesario que el material sea, por un lado, visualmente muy interesante para que tenga mayores posibilidades de ser leído y, por otro, que ofrezca un tono inquisitivo, apasionado y emotivo en los textos. Intentar, en definitiva, hacer un producto de gran calidad y atractivo en todas sus facetas para conseguir lectores crónicos, siendo al tiempo más competitivo, como la misma naturaleza de la información que lo sustenta, y atraer la publicidad, que aunque capitidisminuida por la maldita y pertinaz crisis, siempre busca escaparates de lujo donde insertar su propio diseño.

En este complejo proceso, Marcelo Rodríguez cuenta con buenos recursos para el apartado de Opinión, como los triatletas David Castro Fajardo, los hermanos Jesús y Víctor Ramírez Vinuesa, Víctor Manuel Martínez, etc., que nos vienen ilustrando semanalmente con sus competiciones y andanzas atléticas, y otros que se irán incorporando con el tiempo para cubrir a satisfacción plena de los lectores esta parcela. Y ha contado para dirigir el periódico con Pilar Navarro Manzaneque. Sabia decisión porque, aparte de deportista, Pilar es una magnífica periodista y una gran mujer. Miel sobre hojuelas. Lo harán crecer entre los dos, sin ningún género de dudas, entre otras cosas porque son trabajadores incansables que aman el deporte con pasión y el periodismo como profesión. Encima son competentes en muchos frentes, especialmente el gráfico, fundamental para ilustrar el desarrollo de todo acontecimiento deportivo. Todo esto unido a la ilusión con que afrontan el cambio, es la garantía de su éxito. Harán un periódico digno para un deporte dignísimo. El camino lo tienen abierto y es esperanzador. Con tesón y trabajo ese camino les ofrece un futuro más que prometedor.

Yo me alegro una barbaridad y les deseo lo mejor, que no les va a hacer falta porque el trabajo está ahí y se ve, y ahora lucirá más al ser un diario digital destinado monográficamente a resaltar todo lo bueno de nuestra actividad deportiva, que alcanza niveles internacionales, donde tenemos primeras figuras con raza y coraje dando la batalla. La punta del iceberg son Guillermo García López, David Castro y María José de Toro, pero bajo la superficie del agua hay muchas figuras más: en fútbol, en baloncesto, tanto masculino como femenino, en atletismo, en kárate, en tenis, en natación, en gimnasia rítmica, etc., hasta en ajedrez; siempre con el Club Polideportivo a la cabeza de la gestión, con las escuelas de alevines en la retaguardia, que están haciendo una importantísima labor para formar futuros deportistas de élite, y con movimientos ciudadanos y clubes deportivos privados preconizando entre la juventud la sana cultura de la actividad deportiva.

Entonar el triste adiós

Poco más puedo añadir. A los lectores que tan sacrificadamente y a pies juntillas me han seguido hasta ahora (quedaría feo decir como al flautista de Hamelín), buscando distracción con mis escritos, mis demencias, mis dengues y mis querencias hacia todo lo rodense y lo que no lo es, les digo que buscaré nuevos horizontes en donde seguir echando la cascaílla rodeña, que es lo que me gusta de verdad, y dejaré constancia en el feisbu de los pasos periodísticos por los que me lleve el destino.

En el triste momento de la despedida resulta difícil entonar el adiós, siquiera temporal, que uno quisiera para sus lectores, que ya son amigos, son de la familia, a los que echaré mucho de menos. Les agradezco tanto las grandes atenciones como las collejas que me han dedicado en estos casi dos años y medio poniendo un huevo semanal, a veces con dolores de parto triple por la uretra, o sea, desalojando por el pito cálculos renales como meteoritos. Y deseo, en esta nueva etapa que ahora comienza, la mejor de las venturas a El Monolito y a su buena gente, profesionales de primera para un diario de categoría. Cierta envidia siento de los avatares en que se verán envueltos estos emprendedores por mor de una actividad disparatada como es el periodismo deportivo, que sufrí en mis carnes, hoy trémulas, hace tres décadas. Me recuerda los viejos tiempos del diario AS, allá en los albores de los noventa, cuando afrontamos como un milagro la remodelación del periódico y cambiamos el blanco y negro por el color, pasando del huecograbado –el sepia tradicional de aquel periódico único–, al sofisticado sistema offset de impresión. El tiempo nunca juega a favor porque hoy quisiera tener veinte años menos para unirme a ellos en férrea hermandad y con voluntad inquebrantable de triunfo.

Como sentenció el político Emilio Castelar en su escrito titulado Periodismo, aparecido en el diario Las Noticias del 21 de marzo de 1896: «Cuando tomo en mis manos un gran diario, cuando recorro sus columnas, considero la diversidad de sus materiales y la riqueza de sus noticias, no puedo por menos que sentir un rapto de orgullo por mi siglo, y de compasión hacia los siglos pasados que no han conocido el portento de la inteligencia humana, la creación más extraordinaria de las creaciones».

Si Castelar levantara la cabeza hoy y viera un periódico digital como El Monolito, se volvería a la tumba asustado del nivel tecnológico e informativo que ha alcanzado lo que él consideraba el «portento de la inteligencia humana».

Me despido de todos con un fuerte abrazo y un hasta siempre, amigos.

Primitivo Fajardo